domingo, 11 de enero de 2009

La Gran Exposición de 1851. Londres

LA GRAN EXPOSICIÓN DE 1851 (también conocida como la Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations)

“Caballeros, considero que es deber de toda persona observar y estudiar atentamente la época en que vive y, en la medida de lo posible, sumar su humilde esfuerzo individual para impulsar el cumplimiento de aquello que considera ordenado por la Providencia. Nadie que haya prestado la mínima atención a los rasgos peculiares de nuestra época dudará por un instante que estamos viviendo en un periodo de maravillosa transición, que tiende a cumplir ese gran fin al cual apunta toda la historia: la realización de la unidad de la humanidad”

Discurso del Príncipe Alberto pronunciado en Mansión House.



En un principio el Príncipe Alberto desarrolló la idea de una Gran Exposición sin contar con la ayuda de nadie. El soñó con una exposición que tenía que superarlas a todas, una exposición que no sólo se centrara en lo útil o en lo ornamental, sino que también destacara por su contenido moralizante, un “monumento internacional a las grandes virtudes de la civilización: la paz, el progreso y la prosperidad”.

Durante dos años maduro sus planes atendiendo hasta a los más mínimos detalles, entregándose en cuerpo y alma a la tarea. Y no fue hasta que lo tuvo todo claro, que no convocó a una pequeña comisión a la que presentó el plan que, evidentemente, fue aprobado sin demora. Esta comisión o comité organizador fue designado por él, y él mismo lo dirigía bajo la presidencia honorífica de la Reina. Entre los miembros de este comité destacan, entre otros, el Ministro de Finanzas William Glandstone, Robert Peel, el arquitecto Charles Barry, Henry Cole (miembro de la Royal Society for the Encourgement of Arts, Manufactures and Commerce), y Spencer Cavendish, duque de Devonshire.

El Príncipe Alberto planteó esta exposición de una forma global, y pretendía que en ella se expusieran tanto los nuevos adelantos, así cómo pequeñas muestras de la historia de la humanidad. De esta forma creó un símbolo del progreso ético presente y futuro de la especie humana ya que, gracias a esos adelantos la especie humana había logrado mayor longevidad, había logrado que disminuyera la mortalidad infantil, y de todos esos niños que sobrevivían menos sufrían la desnutrición. Se poseían además mejores viviendas y la educación se puso al alcance de más gente. Por otra parte, los vapores, los ferrocarriles, el automóvil y el avión hicieron posible la unidad física del mundo.

Finalmente el fin de la misma fue el de exhibir todos los adelantos de la industria de todas las naciones del mundo y su lema fue el “Progreso”.

Sin embargo, la exposición superó en envergadura a todo lo que habían esperado y, una vez mandadas las invitaciones, se dieron cuenta de que no habría lugar en todo Londres, capaz de albergar un evento de esas características. Estaban a finales de 1850 y la inauguración se había fijado para Mayo del siguiente año.

Rápidamente se convocó un concurso al que se presentaron más de 230 proyectos (las cifras bailan según los autores, desde 234 a 250), pero todas las propuestas implicaban un gasto monetario y de tiempo material, que el comité no estaba capacitado para asumir. Lo que llevó a plantear la división de la exposición entre diversos edificios de la ciudad.

Sin embargo los proyectos del francés Moreau y del irlandés Richard Turner, basados en la dicotomía entre el hierro y el vidrio, provocaron la mención de Joseph Paxton, antiguo jefe de jardineros del duque de Devonshire y que fue capaz de crear un gran invernadero de cristal para las plantas más delicadas.

Su proyecto, basado en ese invernadero, no fue muy bien aceptado, el Times encabezó una acérrima oposición, basada en lo inadecuado del lugar escogido, en la poca estabilidad del edificio, el incremento de las tasas en la zona, los disturbios que provocaría la inauguración, disturbios que seguramente terminarían desembocando en una revuelta, quejas sobre la porosidad del cristal del techo que no sería capaz de soportar los excrementos de 50.000.000 de gorriones...

Sin embargo el Príncipe Alberto apoyó el proyecto y lucho denodadamente por él, lo que le llevó a sufrir de insomnio y de debilidad, pero eso no le impidió luchar en comisiones, presidir reuniones públicas, pronunciar discursos y promocionar el proyecto a lo largo y ancho del globo. Pero Paxton en un golpe de efecto envió su proyecto al Illustrated London News, convirtiéndose así en el primer hombre en utilizar la prensa gráfica para ganarse el apoyo popular.

Sin embargo, diferentes controversias le hicieron cambiar los planos originales, siendo la más importante de ellas la que rodeó a los olmos de Hyde Park, por los que se vio obligado a rehacer la altura de la estructura en un intento de contenerlos dentro de la edificación. De esta forma, no tuvo que cortarse ningún olmo.

El plano final se concluyó en 9 días, y tanto le gustó a la reina que le confirió el título de Sir, el mismo año de la feria.


The Crystal Palace:
Finalmente el Crystal Palace fue construido por Joseph Paxton en los jardines de Hyde Park, y resultó ser enorme mole de acero y cristal de 563 metros de fachada, una altura interior en torno a los 43 metros, 358 arcos metálicos que implicaban un peso suplementario de 500 toneladas, más de 18.000 placas de vidrio, 2.300 vigas con un peso total de 3.500 toneladas, cubriendo todo ello una superficie de 120.000 metros cuadrados y un área de más de 46.500 metros cuadrados utilizables.

Para cubrir la estructura se utilizaron más de 300.000 hojas de vidrio colocadas en más de 5.000 columnas y cercas de hierro. Estas hojas de vidrio era las más grandes utilizadas hasta entonces y se traían directamente desde las fundiciones de Birmingham por tren (en algunas ocasiones se tardaba tan sólo una media de 18 horas entre la fundición y la entrega). Tenía una longitud de 1851 pies (en recuerdo de la efeméride) y se constituyó por una nave central y cuatro laterales. El transepto más alto que el resto de la estructura fue ideado como antes se comentó para contener los olmos de Hyde Park, y estaba cubierto por una gran bóveda de cañón, el resto de las naves fueron cubiertas por una estructura articulada por placas inclinadas a modo de tejados de dos aguas, que intentaban imitar el arquitrabado. En el piso superior se alineaban cuatro hileras de galerías comunicadas entre si transversalmente. Había 13.937 expositores, de los cuales 6.556 eran extranjeros.

De esta forma el muro exterior ya no es el que sostiene la carga, sino que es la estructura de vigas del interior. Así este puede sustituirse por grandes paneles de cristal que dan mayor luminosidad al interior, y además difuminan la frontera entre interior y exterior. De esta forma el Crystal Palace se transformó en el prototipo de la arquitectura moderna.

2.000 obreros entre peones y especialistas, ensamblaron toda la estructura en menos de 4 meses (comenzaron el trabajo en Septiembre de 1850), tiempo récord justificable tal vez en que la construcción se basó en la colocación de placas modulares de vidrio unidas por guías de hierro y sostenidas por columnas fabricadas ex profeso en las fundiciones ferroviarias. Los obreros que se emplearon para estas labores recibieron los salarios más altos dentro de su categoría.

La mayoría de los arquitectos no llegaron a considerar este edificio como “arquitectura” en sí, y terminó desarrollándose una importante polémica en torno a los valores de los nuevos materiales de construcción, y sobre todo en torno al predominio de los valores estéticos sobre los funcionales.

El Crystal Palace se construyó gracias a los donativos que suscribieron miles de ciudadanos anónimos por un total de 75.000 libras, la Reina dio otras 1.000, y 500 el Príncipe Alberto. A parte muchas empresas comerciales aportaron cantidades importantes, y se creó además un fondo de garantía de 200.000 libras.

De todas formas, aún después de haber sido construido existieron muchas dudas con respecto al proyecto ya que, dudaban que fuera capaz de soportar los miles de toneladas de máquinas en funcionamiento, los cambios del clima y el paso de miles de personas...

Sin embargo, a pesar de todo y de todos, la construcción finalizó satisfactoriamente en un plazo récord de 4 meses. Convirtiéndose así en una prueba palpable de la primacía inglesa en la era industrial, y del propio avance de la humanidad.

Una vez concluido y, como colofón, se colocó frente a la fachada principal un único bloque de carbón de más de 24 toneladas, flaqueado por una estatua de Ricardo Corazón de León.

Como curiosidad mencionar que recibió el nombre de “Crystal Palace” gracias al a una tira del periódico satírico “Punch”.


La inauguración:
La Primera Gran Exposición Mundial fue inaugurada el Primero de Mayo de 1851. La reina ataviada con un vestido en plata y rosa, recamado con diamante, llegó al Palacio de Cristal al mediodía, acompañada del príncipe Alberto, y dos de sus hijos. El camino lo hicieron en un Coche Cerrado y escoltados por una de las compañías de la Real Caballería.

Su entrada al vestíbulo fue acompañada por el sonido de trompetas y la comitiva Real fue recibida por los Reales Comisarios de la Exposición y por el Arzobispo de Canterbury. Tras gran pompa y protocolo y ante dignatarios nacionales y extranjeros, el Príncipe Alberto leyó a la Reina un informe sobre la feria, posteriormente el Arzobispo de Canterbury recitó una plegaria, y finalmente un millar de voces entonó el Aleluyah de Haendel. Aleluyah que provocó las lágrimas de Sir George Grey.

Uno de los sucesos más pintorescos de la inauguración fue el provocado por un ciudadano oriental, vestido a la usanza de su país(los presentes aseguraban que era chino, pero se desconoce a ciencia cierta su origen), quien mientras sonaba el Aleluya se encaminó con gran parsimonia y ceremoniosidad por la nave central, hasta rendirle homenaje a la Reina. Esta emocionada por el acto lo incluyó en el cortejo diplomático pero más adelante se supo que no era diplomático, ni era chino, es más... no se supo nada más de él, lo que provocó que crecieran los rumores y las historias sobre el acontecimiento.

Después toda la comitiva cruzó el vestíbulo seguidos de un séquito de dignatarios colocados en orden jerárquico. En la parte inferior los dignatarios y en las galerías superiores los invitados ataviados con sus mejores galas.

Para tal evento el palacio fue decorado con frondosas palmeras, tapices de colores y una fuente de vidrio de nueve metros de altura.

Ese día una friolera de medio millón de personas visitó la exposición. Y para desgracia de sus detractores no hubo el más mínimo incidente.

Stands:
Se instalaron unos 14.000 expositores, sin embargo cerca de la mitad pertenecían a Gran Bretaña o a sus colonias.

· Estados Unidos: Expusieron, entre otras cosas máquinas cosechadoras (cómo la de MacCormick), barcos de vapor, yates de recreo... Sin embargo pidieron más espacio del que en realidad necesitaban y finalmente su stand se vio atiborrado de pirámides de productos como jabón, polvo dentífrico mágico.... De todas formas la gran mayoría de los productos que podíamos encontrar aquí eran de carácter útil cómo dientes artificiales, libretas bancarias para el registro de los depósitos del City Bank de Nueva York, botes salvavidas y pontones de la fábrica de Goodyear en New Haven, media docena de rifles con las partes intercambiables... Productos de los nativos como maíz indio y caucho. Pero, sin duda el producto de más éxito fue la anteriormente comentada cosechadora de Cyrus McCormick, patentada desde 1834. Otro de los artefactos expuestos fue la “Esclava Griega” una escultura de Hiram Powers que giraba mediante un mecanismo especial 360º.
· Bélgica: Siendo la segunda nación más industrializada en su stand se pudieron ver a parte de la maquinaria industrial, ricas telas de lino y lana, lámparas de seguridad para mineros, encajes, libros y pieles de gato que, curtidas, parecían de marta.
· Francia: No era uno de los países industrialmente más desarrollados pero, aún así ganó un premio por una turbina que requería la sexta parte del espacio que las turbinas anteriores y que, por lo tanto, podía emplearse en ríos poco profundos, en corrientes superficiales de agua o en lugares que tuvieran una marea variable. Otro de los objetos estrella del stand fue la máquina fotográfica de Louis Daguerre. También mostraron finas porcelanas de París, Sévres y Limoges, así como cristalería, plata y piedras preciosas. De la zona de Aubusson llegaron tapetes, y de Lyón sedas y tapices, también se expusieron finos perfumes de Grasse.
· Alemania: Expuso principalmente objetos manuales como lozas y porcelanas, de entre las que destacaban las fabricadas en Baviera (que presentó porcelanas, esculturas y diversos enseres). Sin embargo lo que más llamó la atención fueron los hilos telegráficos aislados idea de Werner Siemens y que posteriormente posibilitaron el tendido trasatlántico, y un cañón de acero fundido fabricado por Alfred Krupp que disparaba balas de 6 libras (se le llegó a otorgar una medalla de oro, y atrajo a muchos visitantes).
· España: Expusieron delicados encajes de hilo negro procedentes de Badalona, y finas espadas Toledanas.
· Holanda: En su stand se podían encontrar, entre otras cosas, diamantes pulidos a mano.
· La Habana: Evidentemente predominaban los puros.
· Rusia: Concurrió a la exposición con 6 semanas de retraso ya que los barcos que llevaban los productos a mostrar quedaron retenidos en el báltico por culpa del clima.
· China: Se negó a participar en la exposición pues Gran Bretaña seguía negándose a finalizar la venta de opio a los ciudadanos chinos. Por lo que su stand se compuso de artículos prestados por importadores ingleses.
· Túnez: Fue uno de los pabellones más eclécticos e inclasificables pues el Bey de Túnez envío todo lo que encontró a mano como “dos tijeras usadas para hacer la capa roja”, “Siwaq usado por las mujeres moriscas para aclararse los dientes” ...
· Suiza: Cajas de música hechas a mano.
· Océano Índico: Ostras perlíferas.
· Turquía: Almizcle.
· Túnez: Agua de rosas.
· Imperio Austriaco: Debido a su retrasada industrialización la gran mayoría de los productos que exhibieron no fueron más que vestigios de gloriosas épocas pasadas. Productos además de gran valor y que sólo la aristocracia podía comprar como cristalerías exquisitamente trabajadas, porcelanas y plata de Bohemia y Viena.
· India: Mostró sobre todo productos exóticos como artículos tallados en marfil, chales de cachemira, opio y sobre todo el Kohi-noor guardado en un artefacto de acero dorado a prueba de robos.
· Australia: Entre otras cosas se expusieron diversos tipos de sombreros realizados por los presos con hojas de palma.
· Canadá: Mostró pieles, una bomba de incendios, parcas de cuero, barricas de azúcar de arce, insignias indias, trineos y canoas de corteza de abedul para 20 hombres.
· Gran Bretaña: Una de las “joyas” de la exposición fue el diamante Koh-i-noor, adquirido unos años antes para unirlo a las joyas de la corona. Además podíamos encontrar también ágatas de la isla de Wight (usadas en los morteros y en las trituradores de la industria química, así como para bruñir), yeso de Somerset (para los enlucidos, cómo base del sulfato de cal, también utilizado como componente de fertilizantes...), granito de Argyllshire, plomo de Perthside (utilizado para fabricar tuberías, recubrimientos, forros, y para determinados tipos de imprenta.


A pesar del ruido ensordecedor (pues las máquinas expuestas estaban continuamente en marcha) la gente acudía en masa a contemplar locomotoras (la más impresionante de ellas una Great Western de 31 toneladas capaz de alcanzar 90 kilómetros por hora), motores marinos, las prensas hidráulicas (la Applegath&Cowper, que imprimía 5.000 ejemplares por día del “Illustrated Lodon News”), los telares mecánicos... también podíamos encontrar entre todos los avances un motor de Watt de 1785 (con un cilindro de tan sólo 40 caballos), y junto a él, demostrando el proceso evolutivo sufrido, se podía contemplar el más puntero, un motor de 4 cilindros y capaz de alcanzar los 700 caballos de fuerza .

En total había más de 6.500 expositores dedicados exclusivamente a mostrar los avances de los diferentes países en la Revolución Industrial. El más desarrollado de todos resultó ser Bélgica ya que contaba con ricos depósitos de carbón, hierro, cinc y mármol además el 10% se dedicaba a la producción de productos químicos, maquinaria de hierro y telas de lino y lanas.

Otros de los elementos expuestos que también llamaron la atención fueron cerdos en conserva, rotativas, una “cama despertadora” (Arrojaba un cubo de agua fría a su ocupante a una hora predeterminada), perfumes franceses o una estufa prusiana en forma de caballero con toda su armadura.

Aunque, en definitiva de todos los avances que se presentaron en la Exposición, los que más repercusión tuvieron fueron los excusados en el interior de las casas, las bañeras fijas, las estufas de gas y los refrigeradores. Todos ellos de uso más doméstico y que suponían una mayor comodidad y ahorro de tiempo en la vida diaria.

La Clausura:
El día de la clausura la Reina recorrió emocionada toda su extensión, presa de la melancolía y del gozo pues era además en 12º aniversario de su compromiso con el Príncipe Alberto. Mas adelante escribió esto en su diario:

“Estaba tan hermoso. No podía creer que era la última vez que lo vería. Un órgano, acompañado por un refinado instrumento llamado somenofón ejecutaba una melodía, y eso me entristeció más aún. La carpa estaba muy sucia, las cortinas rojas estaban desteñidas y muchas cosas parecían manchadas, a pesar de lo cual el efecto era de una gran frescura y belleza. La fuente de cristal ya había sido retirada... y los obreros empujaban los cajones de aquí para allá, tal como habían hecho en un principio. Nos hizo sentir muy melancólicos a todos”.

Una vez finalizada la exposición, la compañía ferroviaria de Brighton desmontó la estructura pieza a pieza para volverla a montar en Upper Norwood, en Sydenham, dónde mantuvo su nombre y su función como centro de exposiciones y ocio hasta que fue destruida por un incendio en 1936.

Años después, el Albert Memorial, fue construido lo más cerca posible de la ubicación de la Exposición, en los jardines de Kensington.


Conclusiones:
La exposición duró un total de 140 días y tubo un total de 6.000.000 de visitantes, siendo el 7 de Octubre de 1851 el día que más visitantes se contabilizaron, un total de 110.000. Cifra exorbitante teniendo en cuenta que en la época Londres contaba únicamente con 2.300.000 habitantes. A lo largo de las 23 semanas de exposición se informo además de tan sólo 12 carteristas y de 11 personas robando artículos de poca importancia. Hubo además pocos artículos perdidos y no reclamados, entre ellos tres enaguas y dos polisones.

Generó unos beneficios de en torno a 165.000 libras que fueron empleadas para la compra de un terreno en South Kensisngton en el que se construiría en Museo Nacional.

La gran exposición supuso la demostración del patente conflicto entre lo viejo y lo nuevo, entre la tradición y el progreso. Así cómo la constatación de las diferencias existentes entre el Primer y el Tercer mundo.

Por otra parte, La Gran Exposición Mundial de 1851 reveló a Gran Bretaña como la mayor de todas las potencias mundiales. Sin embargo ni ellos mismos fueron conscientes de su propia superioridad hasta ese momento, o del tremendo avance tecnológico que se había dado en los últimos años. Lo que terminó provocando en muchos sectores una arraigada fe en el progreso y en todos los logros que de él derivarían.

Sin embargo esta fe en el progreso, en la superioridad de Gran Bretaña frente al resto del mundo, era algo difícilmente casable con la religión, y cómo se vio en el “Religius Census” de 1851, las tres cuartas partes de la los habitantes de las ciudades y de las zonas industrializadas terminaron descristianizándose.

Se trato además, de uno de los momentos más gloriosos del reinado de Victoria, ya que previamente destacó una época bastante revuelta como crisis cíclicas, agitación cartista y problemas con los pensadores del librecambio. Es más, como ya se comentó anteriormente, el éxito de la Exposición fue tal que poco a poco se empezó a utilizar el término “Victoriano”, en honor a la reina que tanto honor y tanta gloria les había dado.

Sin embargo hubo algunas voces críticas a todo lo que implico la Gran Exposición como la de John Ruskin, quien de forma despectiva llegó a decir de ella que “ni era un Palacio, ni era de Cristal” o Charles Dikens quien aseguró “Es demasiado. Sólo he estado dos veces... tengo una natural aversión a los espectáculos y la fusión de tantos no me hizo cambiar”. Además de los ultra religiosos que amenazaban con el hecho de que el comercio se había vuelto una religión, encabezados por el Papa Pío IX.

Finalmente, y como un apunte curioso, mencionar que los ferrocarriles llegaron a ofrecer tarifas especiales para excursiones en grupo, por lo que se llegaron a crear hasta clubes para beneficiarse de ellas.



BIBLIOGRAFÍA:
· NEWSOME, D.: “El mundo según los victorianos. Percepciones e introspecciones en una era de cambio
· CHARLOT, M. /MARX R. (Dir.): “La era victoriana o el triunfo de las desigualdades”. ED.: Alianza
· TOURNIER, P.: “Londres. Las claves de su historia”. Colección: Ciudades en el tiempo. Vd.: Robinbook. Barcelona. 2001
· VV.AA.: “La edad del progreso 1850-1910”. Colección. Atlas culturales del mundo. ED.: Folio S.A. Barcelona 1995. 2 volúmenes.
· STRACHLEY, L.: “Reina Victoria. Símbolo de una era”. Ed.: El Ateneo (Grupo ILHSA S.A.).Argentina. 2004
· BRIGGS, A.:Historia Social de Inglaterra”. Ed.: Alianza. Madrid. 1994
· VV.AA.: “Arquitectura y urbanismo del siglo XIX”. Ed.: Teide. Barcelona.1987

http://www.expo92.es/otras_exposiciones/27_exposicion_londres_1851
http://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Exposici%C3%B3n